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EDUAL publica dos novedosos libros que sobre el accidente de Palomares que “dialogan entre sí”

La Editorial Universidad de Almería presenta conjuntamente las obras de Francisco Laynez, quien comparte toda su experiencia como médico tratando a los afectados, y José Herrera, que da voz en una recopilación de testimonios a la gente del pueblo, a la que se le quitó todo el protagonismo: “Relegados a ser extras de la película de sus propias vidas”

Se trata de dos obras independientes la una de la otra, “llegaron a la Editorial de la Universidad de Almería por separado y en momentos distintos”, pero Miguel Gallego y su equipo vieron que había una conexión indudable entre ambas. De hecho, ha sostenido que “dialogan entre sí”. Así ha contextualizado el director de EDUAL su presentación conjunta en el Centro Cultural Fundación Unicaja, que se ha llenado de público para conocer más de cerca los detalles de dos libros “necesarios”. El conductor del evento ha sido Andrés Sánchez Picón, catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la UAL, introduciendo a los dos autores, Francisco Laynez Bretones y José Herrera Plaza, para agradecerles que aporten perspectivas novedosas sobre el accidente de Palomares acaecido hace ahora 60 años, el 17 de enero de 1966.

La obra de Francisco Laynez lleva por título ‘Las bombas de Palomares 60 años después. Personajes, mitos y leyendas’. En cuanto a la de José Plaza, se titula ‘El año de las bombas. Historias de Palomares’. Ambos autores son personas comprometidas con arrojar luz sobre la verdad de lo ocurrido y sobre las consecuencias posteriores en la población, a la que sitúan en el centro de sus narrativas. Miguel Gallego ha explicado su presentación conjunta, “dos libros que han coincidido en el tiempo, en el entorno del 60º aniversario, y que se publican a la vez porque hay un diálogo entre dos maneras tan particulares de ver ese asunto tan misterioso, tan chocante de los años del aperturismo del franquismo”. Ha insistido en la importancia de que “dialoguen esos dos puntos de vista, testimonios e historia cultural y dimensión social del episodio”.

El director de EDUAL ha especificado que son “libros fuera de colección, que no tienen una dimensión académica, sino una visión divulgativa para un público general”. Más en detalle sobre las obras, “abordan el episodio de manera distinta”, porque “el de José Herrera es una colección de testimonios desde distintos puntos de vista, tanto americanos como habitantes de la zona”, mientras que “el de Laynez es una historia cultural que abarca muchas cuestiones”. Acrecienta el interés la trayectoria de los autores, ya que “Herrera también ha colaborado en documentales y en películas sobre el asunto y Laynez lo plantea desde su punto de vista como médico”. Miguel Gallego ha agradecido el interés mostrado por el gran público en torno a estas obras, patente a través del lleno en una sala en la que se ha auspiciado también el coloquio.

La novedad de ángulos precisamente es algo que ha destacado Andrés Sánchez Picón: “A priori uno puede pensar que el accidente de Palomares tiene una amplísima bibliografía, y de hecho desde 1966, primero con enfoque periodístico y después con sucesivas investigaciones, hay dos docenas de títulos, más un documental, y parecería, por lo tanto, que es un tema suficientemente conocido y trillado, pero, sin embargo, estas dos obras sorprenden porque aportan una nueva mirada”. El catedrático se ha referido más en concreto “a dos aspectos fundamentales: uno, los protagonistas, las declaraciones de los testigos de aquellos hechos, que es de lo que va el libro de José Herrera, y una semblanza de personajes, el de Laynez, narrando situaciones e historias relacionadas con lo del accidente de Palomares, aquel que estuvo a punto de cambiar toda la historia de esta tierra, porque no estaríamos ahora aquí si alguna de aquellas bombas hubiera detonado”. Son “enfoques humanos y personales”, ambos libros “muy recomendables”.

Francisco Laynez ha denunciado en su obra que “no se ha hecho un estudio epidemiológico”, en el que “se cogiera a la población de Palomares y se estudiara las enfermedades que aparece en ella, sobre todo las que se pueden asociar a la radiación que se liberó allí, como pueden ser el cáncer de pulmón, el cáncer de hígado y el de huesos”. Acto seguido, “a esa población habría que compararla con otra población cercana que tenga las mismas características, la misma edad, que se dedique a las mismas labores profesionales, pero que no estuviera afectada por la radiación”. Ha propuesto “al menos tres veces” realizarlo, “pero no sé exactamente por qué las instituciones no lo han querido hacer”. Se ha mostrado orgulloso de que en su libro habla “no solo de los personajes importantes que vinieron a Palomares en el año 1966, sino de las personas”.

El origen de la obra es su desarrollo profesional durante siete años en Huércal Overa: “Ahí recibía muchos pacientes de Palomares y a todos les iba preguntando sistemáticamente su vivencia, los temores, los miedos…, lo fui recopilando y eso me sirvió para hacer la base del libro”. Después, “influyó también mi condición de sanitario, me preocupaba por el Proyecto Indalo, el proyecto que se hizo para evaluar la salud de los campos y de la población y del medio ambiente de Palomares”. Vocación de servicio como médico, “siempre me he preocupado por la salud de los almerienses, soy almeriense de nacimiento, a mucha honra, y este es un tema que desgraciadamente no está muy estudiado, porque todos los datos que se hacen de la población, que todavía siguen anualmente, no se hacen públicos, desgraciadamente, pero lo poquito que hemos podido investigar se refleja en el libro”.  Laynez comenzó a recoger entrevistas con afectados en 2005, “o sea, he estado 20 con una labor ‘artesanal’, sin nada de inteligencia artificial’, de hormiguita”.

En cuanto a José Herrera, ha sido igualmente crítico con la opacidad gubernamental sobre este tema: “Comenzamos con Antonio Sánchez Picón a hacer un largometraje sobre Palomares; ya lo había intentado en el año 1986, pero era imposible, y 20 años después lo conseguimos, y a partir de ahí me di cuenta de la gran injusticia y de lo que se escondía; todo lo que nos había llegado en 2006 cuando hicimos el documental, todo, era una historia oficial ficticia, es decir, pura mentira”. El paso de la dictadura a la democracia tampoco ayudó a un esclarecimiento de los hechos, “se seguía con esas mentiras de que todo se había quedado limpio, de que no había habido peligro para la gente, y nos dimos cuenta de cómo nos manipulan”. Duro en su explicación, “según el artículo 45 de la Constitución Española, todos los españoles, y los almerienses no son una excepción, los palomareños tampoco, deben vivir en un entorno radioactivamente limpio”. Así lo ha querido denunciar.

En este libro “yo no cuento nada, sino que doy voz a las personas que nunca han sido protagonistas, o sea, han sido los protagonistas afectados del hecho, pero nunca salían en los medios de comunicación”. Son “la gente del pueblo, aquellos quienes fueron relegados a ser extras en la película de sus propias vidas, es decir, nunca tenían voz, siempre los veías por el fondo”. Ante todo ello, Herrera ha querido “que cuenten sobre todo cómo fue y qué es lo que sintieron, pero no solamente la gente de Palomares, también utilizo a los que se vieron afectados, que también eran los norteamericanos, como el piloto que iba manipulando el B-52 en el momento del choque y el del radar, o sea, entrevisto a dos de los cuatro supervivientes, entrevisto al pescador de Águilas que salvó al comandante y al copiloto en el mar… o sea, a gente olvidada totalmente, y añado a la duquesa de Medina Sidonia, que no tiene desperdicio”.