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Dos egresadas de la UAL ‘contagian’ su vocación de transformación comunitaria al aula de Educación Social

Sara de Campos y Alba Sorroche cuentan al alumnado de primer curso de esta titulación de la Universidad de Almería su experiencia con las mujeres del barrio de Los Almendros desde las asociaciones AFIM21 y ‘Camelamos Naquerar’, una actividad organizada por la profesora Maite Martín Palomo con la colaboración de la Unidad de Igualdad

La Sala de Grados del Aulario IV ha acogido la vuelta al campus de dos de sus estudiantes egresadas para ser las protagonistas de una jornada titulada ‘Transformación Comunitaria. Cambiemos la mirada’. Sara de Campos y Alba Sorroche han tenido delante al alumnado de primer curso de Educación Social, para el que son referentes de un futuro profesional que tendrá una importante carga vocacional. La profesora Maite Martín Palomo, junto al resto de docentes, han diseñado esta propuesta como una fuente enriquecedora para su estudiantado, contando con la colaboración de la Unidad de Igualdad. De hecho, Maribel Ramírez, vicerrectora de Igualdad, Inclusión y Compromiso Social, ha querido darles la bienvenida y felicitarlas por su trabajo y compromiso.

De Campos realiza varios proyectos con AFIM21 y Sorroche es profesora en la Asociación ‘Camelamos Naquerar’, ambas poniendo todo lo mejor de sí con las mujeres del Barrio de Los Almendros, en la ciudad de Almería. De ellas, Ramírez ha dicho que “no hay mayor orgullo para una universidad que ver a sus estudiantes liderar proyectos y aportar tanto a la sociedad”. La vicerrectora ha agradecido que “esta iniciativa invite a detenernos, reflexionar y repensar la manera en la que entendemos la diversidad, la inclusión y la convivencia en nuestros entornos sociales y comunitarios”, de modo textual, “un espacio de encuentro que aborda una cuestión tan necesaria como es la transformación de nuestras miradas, prácticas y formas de relacionarnos con la diversidad”.

En ese sentido, ha subrayado que “hablar de transformación comunitaria es hablar de participación, corresponsabilidad, cuidado y reconocimiento mutuo, es entender que la inclusión no puede ser una idea abstracta, sino una práctica concreta que se construye cada día en los espacios educativos, institucionales y sociales”. Así lo ha confirmado la propia Maite Martín Palomo, al recordar que las exalumnas ponentes “están trabajando con mujeres en la transformación comunitaria en procesos activos y participativos”. La idea subyacente de esta jornada es la de “romper estereotipos, romper los prejuicios, y pensar que esta ciudad es rica, es variada, y que la universidad tenga siempre esa proyección y esa interacción con la comunidad”.

Ha destacado que ambas egresadas “han traído esa comunidad aquí para hacer partícipe al estudiantado”, ensalzando también “el trabajo que se está haciendo desde el vicerrectorado para trabajar la inclusión”. A su vez, supone “un reconocimiento a la calidad de nuestro alumnado egresado, en este caso con dos mujeres que están haciendo un trabajo de liderazgo comunitario, que son muy buenas profesionales y que están muy implicadas en el cambio social, a través de la integración de las mujeres gitanas”. La acción se enmarca más en concreto en la asignatura ‘Políticas sociales y estado del bienestar’, de primer curso, “dentro de política social e ideología, y en ese caso se trabaja el antirracismo”. Son “las políticas sociales que se vinculan para contribuir a luchar contra los discursos racistas y contra la xenofobia, y además, en este caso también los estereotipos de los que muchas veces van cargadas las mujeres; una mirada interseccional”. Ha insistido en el buen hacer de IgUALdad: “Por suerte hay un equipo muy potente”.

Sara de Campos, que finalizó sus estudios en la UAL el pasado curso académico, ha reconocido que le hace “mucha ilusión” volver y contar en el aula su experiencia: “Hace menos de un año yo era la que estaba sentada ahí y creo que es muy importante que tras haber tenido este pequeño bagaje, pueda transmitir este mensaje de motivación al alumnado actual, porque para mí era importante que viniera gente de fuera y nos dijera un poco cómo es la situación una vez que terminas la carrera, a qué te vas a enfrentar, cuáles van a ser tus ámbitos de trabajo”. Ha desvelado que de todos los programas de AFIM21 con los que trabaja “el que más me llega al corazón es trabajar en el barrio de Los Almendros porque son mujeres que viven por y para su familia, y solo tienen ese pequeño espacio donde pueden ser ellas mismas y pueden compartir sus preocupaciones, sus alegrías, sus motivaciones con el resto”.

Esta profesional lo ha definido como “un círculo muy bonito” y “un trabajo muy importante”, disfrutando de conocer a “muchísimas referentes a pesar de que a casi ninguna se le reconoce y están invisibilizadas”. De hecho, “allí yo me estoy encontrando con mujeres que son maravillosas y que me encantaría que sus historias llegaran al resto de la gente, al igual que me están llegando a mí”, de modo textual. Es una experiencia muy similar a la de Alba Sorroche, en su caso con la perspectiva de algo más de tiempo metida en el desarrollo profesional para trasladárselo al alumnado: “La verdad es que volver está muy guay, porque cuando sales a veces te quedas así un poco como pensando, ¡ostras!, y ahora qué va a ser de mí, ahora qué voy a hacer”. Poco a poco “te vas encontrando pequeños referentes que te van abriendo las puertas y está muy bien poder volver aquí, compartirlo con ellos, que están empezando y que tienen ese mismo miedo o esas mismas inquietudes que yo tenía”.

Ha advertido del clima involucionista que se está padeciendo en la actualidad: “No solamente se nota en los colectivos, sino que se nota también a nivel laboral; recuerdo que mis trabajos anteriores eran mejor en notable diferencia y ahora van siendo un poco más precarios, al mismo ritmo que la vida va evolucionando, y si eso nos pasa a nosotras, pues qué no les va a pasar a los colectivos con los que trabajamos”. En ese sentido, “si la vida está cada vez más difícil, todo está cada vez más caro, cada vez te piden más títulos, cada vez te piden más… todas esas pequeñas cositas van cerrando pequeñas puertas y al final se entra en una especie de círculo vicioso del que cuesta mucho trabajo salir si no tiene ayuda de asociaciones o de otros colectivos, que te vayan dando herramientas”.