«Hay que fijarnos en nuestro entorno e incorporarlo a la ciudad»

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Silvia Villegas, jefa de la Unidad Banco de Germoplasma y Colecciones Vivas, Real Jardín Botánico de Madrid, CSIC, ha explicado en el Curso de Verano ‘Biodiversidad urbana y ciencia ciudadana’ la importancia de las praderas ornamentales, compuestas por herbáceas autóctonas, como recurso sostenible en la jardinería urbana.

Existe un problema actual con los jardines urbanos en España pues hasta la fecha su diseño no ha tenido en cuenta las características de cada zona lo que ha provocado que no sean sostenibles desde el punto de vista medioambiental. De esta problemática y de su posible solución a través de la incorporación de praderas ornamentales y plantaciones naturales como alterativa a las actuales zonas verdes urbanas, ha hablado Silvia Villegas, jefa de la Unidad Banco de Germoplasma y Colecciones Vivas, Real Jardín Botánico de Madrid, CSIC, en el Curso de Verano ‘Biodiversidad urbana y ciencia ciudadana’.

«He contado el contexto de cómo están las ciudades ahora mismo y cómo este tipo de actuaciones pueden ayudar a que sean más sostenibles». La ponente ha explicado que existen muchas ciudades, como Madrid, ciudad en la que reside, en la que se abusa del césped. «Su mantenimiento consume mucha agua, muchos recursos y, además, mucha mano de obra. Con lo cual, los recursos económicos se llevan una partida bastante importante de los espacios que tiene la jardinería urbana».

Para hacer frente a esta problemática, Silvia Villegas habla de la necesidad de implantar praderas ornamentales. «Son comunidades herbáceas que se diseñan de tal manera que tienes una floración muy prolongada. Son interesantes desde el punto de vista estético, porque durante unos meses vas a tener muchas flores y eso hace que a la gente le guste y, por otro lado, su mantenimiento es mucho más sostenible».

Para que realmente cumplan con este requisito de sostenibilidad es imprescindible que estén diseñadas con plantas autóctonas, «porque si utilizamos especies que necesitan mucha agua y un mantenimiento muy elevado, seguimos manteniendo el problema. Lo ideal y lo útil es hacer es una buena selección de especies que sean autóctonas, nativas a nuestro entorno. Por lo cual una pradera que se establezca en una ciudad como Madrid será diferente a una pradera que se pueda hacer aquí en Almería». De esta forma, explica, «evitamos el trasiego de plantas de un lugar a otro con todo lo que conlleva de introducir nueva genética en poblaciones y de especies invasoras».

En cuanto a la tendencia actual en España sobre la implantación de praderas ornamentales Villegas se muestra muy optimista. «Se están haciendo cosas muy interesantes y hay paisajistas, gente profesional que se dedica a esto, que ya en sus jardines no solo están incorporando las paraderas ornamentales sino también las plantaciones naturalistas (que son más amplias e incorporan no solo herbáceas, sino también arbustos). En jardines privados se está apostando bastante por esta tendencia».

El problema, a su juicio es que todavía «queda el gran salto a los espacios públicos, a la jardinería pública, que como siempre es más complicada de gestionar porque se desconoce mucho».

Entre los problemas que provocan este salto, la ponente señala la dificultad para conseguir las especies y otro mucho más subjetivo: «Al ser espacios visitados por el público nos encontramos con reticencias para su aceptación». El motivo es que estas praderas durante el periodo de floración «son muy interesantes, muy bonitas, my atractivas, pero hay una época que no van a tener floración. Y, en nuestro caso, hay una época en la que va a estar de color marrón, porque en el clima mediterráneo estas son anuales y bianuales, se mueren y se quedan marrones». Para Silvia Villegas la clave está en la aceptación por parte de los ciudadanos. «Hay que aceptar que tu parque, al que tú vas, durante una época del año va a estar marrón y no va a estar verde». Para lograrlo, apuesta por la educación. «Nuestro clima es mediterráneo y tenemos que fijarnos en eso, en nuestro entorno y ese entorno incorporarlo a la ciudad y aceptar el marrón. Yo soy defensora del marrón».